El epílogo es nuestro

Después del acuerdo de paz en Colombia entre el gobierno y las FARC-EP, esta es la pregunta del plebiscito: ¿Apoya usted el Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera? Yo sí lo apoyo.

Son 6 manos unidas que han ayudado a construir el Acuerdo Final de Paz entre el Gobierno y las FARC-EP. Faltan las manos de más colombianos  alrededor de este esfuerzo que pone fin a más de 50 años de guerra en Colombia. El plebiscito es el domingo 2 de octubre.

Los presidentes de Colombia, Cuba y el líder máximo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Tres de los protagonidas que han ayudado a construir el Acuerdo Final de Paz entre el Gobierno y las FARC-EP. Faltan las manos de más colombianos alrededor de este esfuerzo que pone fin a más de 50 años de guerra en el país. El plebiscito es el domingo 2 de octubre.

El Acuerdo Final entre el gobierno y las FARC-EP para el fin del conflicto armado llegó después de más de 5 años de conversaciones secretas y públicas.

Y ahora, el domingo 2 de octubre, los colombianos debemos decidir en el plebiscito si estamos a favor o en contra, si este acuerdo tiene luz verde o se estrella en una pared como un automóvil sin control. Un voto a favor implica que despegue el acuerdo, uno en contra que se cierre la pista para que ese avión tome vuelo. No supone lo que algunos de sus críticos de buena fe creen, es decir, que las dos partes se reúnan de nuevo para realizar las rectificaciones y correcciones como si se tratarán de escritores que pulen el original del libro que han escrito en compañía.

El libro que ellos han escrito es ese, no hay más versiones, ni capítulos extras de su parte. Esa novela está escrita así pero los colombianos, con nuestro voto, le podemos dar un epílogo digno que justifique tanto esfuerzo.

El acuerdo puede que no sea justo y equilibrado desde el sentir de muchos colombianos, en especial para las víctimas más directas del conflicto  y quienes han perdido a sus seres queridos. Hay muchas heridas, demasiados odios, rencores, agresividad, sufrimientos acumulados durante más de 50 años de esta guerra no declarada que no les permiten a muchos colombianos dar su voto por el sí. En su lugar,  algunos preferirían desaparecer del mapa a los integrantes de las FARC o que ingresaran en la cárcel y se pudrieran allí de por vida, no que estén los cinco a ocho años previstos en este acuerdo por sus delitos o los 20 años, en el caso que no digan toda la verdad, aunque tengan el compromiso de reparar a sus víctimas.

En unos casos recuerdan que un familiar estuvo, por ejemplo, secuestrado y que esos “H.p. de las FARC” lo tuvieron amarrado a un árbol con la incertidumbre de lo que pasaría con su vida. Claro, esos son hechos que nunca se olvidan y es difícil pedirle a los afectados y su entorno que no decidan su voto con el hígado sino con la cabeza.

Pero este Acuerdo Final, aunque algunos crean equivocadamente que quien lo defienda es un antipatriota, traidor, vendido o aliado de las FARC, es una oportunidad para que estos hechos nunca vuelvan a suceder y para que esta guerrilla, más vale tarde que nunca, haya comprendido que el único camino posible para construir una sociedad democrática está en otros lugares, no los de la selva o la montaña, camuflados con unas armas, sino desde una tribuna política donde quiera que esté. La “construcción de una paz estable y duradera”, como también reza el titular de este acuerdo final, es responsabilidad de todos, no es un asunto de quienes votemos por el sí, “allá ellos con este muerto”, pensarán tal vez ciertos opositores empeñados en recoger firmas, en demandar este acuerdo de paz, dentro y fuera del  país, sin ofrecer una salida política al conflicto.

Este acuerdo con las FARC-EP no tiene color político ni es el logro del actual presidente o de su inteligente y prudente jefe de negociación, es un esfuerzo de muchos años, de muchas personas, del intento durante más de 30 años de todos los presidentes de Colombia que, paradójicamente, algunos de ellos hoy luchan porque este Acuerdo Final se quede en letra muerta con disculpas jurídicas que no ayudan a perfeccionar este proceso de paz sino que amenazan con enterrarlo definitivamente.

La reconciliación o, por lo menos, la convivencia civilizada es algo que está en nuestras manos. Si otros países, con conflictos tan graves como el nuestro, lo han logrado, ¿por qué nosotros no vamos a ser capaces? La decisión es ahora, no dentro de unos hipotéticos años con un hipotético nuevo acuerdo, con un hipotético presidente en una hipotética Colombia.

 

 

 

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