Bolívar, la estatua vuelve a la vida

El director de teatro Omar Porras explica cómo gestó Bolívar, fragmentos de un sueño’, la obra de teatro y música colombiana que recrea la vida del Libertador. Con el escritor William Ospina recuperó los pasos del Libertador para construir un Bolívar que vive en el presente. Después de su inauguración el 18 de junio en Francia y su paso por Barcelona y Colombia, la obra continuará su gira por Europa en septiembre
Foto de Josep Aznar
Bolívar yace en su lecho de muerte. Uniformado como en sus mejores batallas parece escuchar plácido la música llanera que inunda el escenario, “que esta historia de Bolívar es también la historia tuya”, dice el narrador encarnado en Omar Porras, el actor, el director bogotano de la obra de teatro ‘Bolívar, fragmentos de un sueño’. Sus palabras, inspiradas en los textos del escritor tolimense William Ospina, presentan a un Libertador que trasciende el tiempo y que hoy quiere reivindicar su lugar en el bicentenario de la Independencia de Colombia.
El artista bogotano Pedro Quijano pintó el cuadro ‘La muerte del Libertador’ y Porras lo trasplantó y recreó en el escenario para iniciar la narración de esta obra teatral que no pretende una reconstrucción histórica de la vida de Bolívar sino la puesta en escena de algunos de sus momentos vitales, de un Bolívar que se resiste a ser tratado como una simple y sucia estatua de piedra. “Me di cuenta que nuestro Libertador se convirtió en una estatua hipócrita y silenciosa”, reflexiona Porras.
Tal vez por eso aceptó el reto de bajar de su pedestal a esa estatua cagada por los pájaros, de arrancarlo de las pinturas y de las páginas polvorientas de los libros para devolver a la vida a un Libertador que tuvo grandes aciertos pero también grandes errores. “No lo juzgamos. Más que hacer un fresco histórico, se trata sobre todo de encontrar a Bolívar el hombre de hoy en día, el hombre cotidiano, el hombre quizás del presente”, dice Porras minutos antes de su presentación en Barcelona.
Y ese Bolívar del presente se aventura en el 2010 a leer su Carta de Jamaica en el marginado barrio El Cartucho de Bogotá ante la indiferencia y el cansancio de los indigentes que terminan echándolo a patadas y arrinconándolo en una calle oscura como a cualquier ilustre desconocido. “Mi manera de interrogar a Bolívar –añade Porras- es mi manera personal. La obra de teatro no es para encontrar la verdad”.
Porras construye un Bolívar polémico que como si estuviera en plena campaña libertadora cuestiona la sumisión del Hombre actual: “Ustedes están acostumbrados a la esclavitud porque la servidumbre se vuelve costumbre”.
El narrador recorre la obra con la suficiencia de un demiurgo que une pasado con presente, lo real con lo mítico. “Bolívar está muy ligado a los mitos. Por ejemplo, en él se encuentra el mito de Moisés. Como él subió a la montaña a buscar una ley para su pueblo y cuando bajó fue traicionado, criticado”, dice Porras que acompaña sus palabras con los sonidos que le arranca de manera desprevenida a su rascador musical.
Con William Ospina recorrió durante más de 2 años los pasos de Bolívar por Europa y América, pasaron por selvas y ríos, profundizaron en la región del Orinoco y del Llano y rescataron no sólo algunos de los mitos presentes en la vida del Libertador sino también la música que llevaba en sus entrañas. “Hicimos un viaje musical por donde Bolívar ha podido pasar. Bolívar el caribeño, el hombre que se crió en las montañas a caballo, llevaba la música por dentro. Y era imposible hacer una obra de Bolívar sin un paseo, sin un pajarillo, sin un ritmo llanero, sin un ritmo caribeño básico”.
Los monólogos de Simón Rodríguez, maestro de Bolívar; del prócer Francisco Miranda; de Manuelita Sáenz y de otros personajes se combinan con el folclor de la Costa Pacífica o Atlántica, con la música llanera o vallenata. El Hombre de las Dificultades se encarna en este escenario en los hombres y mujeres latinoamericanos que reivindican su canto moderno de “yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así…”, que luchan por su sobrevivencia y por romper las cadenas de la esclavitud.
Por eso la estatua de piedra del Libertador termina rota y destruida en el suelo y en su lugar resurge, como en un sueño mítico, el Bolívar de hoy, el de carne y hueso que se levanta de su tumba para compartirnos los ‘fragmentos de un sueño’.

CALENDARIO 2010 – 2011

• Suiza – Meyrin. 28 septiembre al 10 de octubre 2010
• Francia – Chambéry. 14 y 15 octubre
• Francia – Annecy. 19 al 21 octubre
• Mexico – Guanajuato. 28 al 30 octubre
• Francia – Villefontaine. 9 y 10 noviembre
• Francia – Nantes. 17 al 20 noviembre
• Suiza – Monthey. 1 diciembre
• Japón – Shizuoka. Verano 2011

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