La partida de Eduardo Galeano

Eduardo Galeano, con una libreta en la mano, repasaba con su mirada los
cientos de libros que ese 23 de abril, en la mañana, inundaban el Paseo de Gracia de Barcelona durante el Sant Jordi del 2008. En medio del gentío que, a tropezones, buscaba las últimas novedades editoriales y la firma de su autor favorito, el escritor uruguayo sacó unos minutos para conversar conmigo de su libro Espejos, una historia casi universal que acababa de salir al mercado.

 

El escritor uruguayo, un referente de la Literatura Latinoamericana. (Foto cortesía de Casa América Catalunya)

El escritor uruguayo, un referente de la Literatura Latinoamericana. (Foto cortesía de Casa América Catalunya)

Era un hombre con una mirada firme, así como sus convicciones, que aprendió a interpretar el devenir de Uruguay y Latinoamérica en sus conversaciones en los cafés de Montevideo, un escritor que dejó testimonio de su compromiso con su continente en sus numerosas narraciones que construyó a lo largo de su vida de exilios y regresos, de denuncias y huidas.

En dos oportunidades, en Uruguay y Argentina, huyó al exilio, era un elemento incómodo para los regímenes dictatoriales por sus críticas a la opresión, por reivindicar los derechos de los más desprotegidos, por alzar su voz contra la explotación del continente como cuando escribió Las venas abiertas de América Latina (1971), su libro más vendido.

Eduardo Galeano partió pero su obra y figura permanecerán en la memoria colectiva.

Eduardo Galeano dejó una numerosa obra periodística y literaria. (Foto cortesía de Casa América Catalunya)

En cualquier escenario en el mundo, hizo sentir su voz crítica contra los abusos y el poder que aplasta lo que le estorba. Y en sus libros plasmó la fuerza de su palabra, de las palabras de otros a los que él escuchaba para nutrir sus historias. “Para ser capaces de decir algo tenemos que ser capaces, antes que todo, de escuchar”, decía.

Galeano aprendió a escuchar pero también a escribir, a atrapar con sus letras sus reflexiones de lo cotidiano en el periodismo y la Literatura. Dicen que dejó un escrito preparado para después de su muerte, imagino que será una reflexión, con algo de su agudo sentido del humor, que cuestiona el mundo que nos rodea y con preguntas, tal vez como la que alguna vez hizo en su libro Espejos, al hablar de lo que pasa cuando alguien muere y su tiempo acaba: ¿Mueren también los andares, los deseares y los decires que se han llamado con su nombre en este mundo?”. En su caso, seguro que no.

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La conquista de la Amazonía

Hace pocas semanas en Barcelona, el escritor colombiano William Ospina presentó La serpiente sin ojos, la tercera novela de su trilogía sobre los conquistadores españoles en América, ese territorio exuberante y desconocido de la Amazonía que cautivó sus sentidos y trastornó su imaginación. La narración recorre el río Amazonas, se adentra en la selva y reinos de agua donde los conquistadores fueron también conquistados y nadie volvió a ser el mismo desde entonces

William Ospina. Presentación novela La serpiente sin ojos. En Notas de Juan Guillermo

William Ospina durante la presentación en Barcelona de su novela La serpiente sin ojos (Foto Casa América Catalunya)

La serpiente sin ojos es caudalosa, se interna en la selva, golpea con su cola espumosa las riberas donde pasan como fantasmas las sombras de los conquistadores españoles que se aventuran con sus embarcaciones en busca de nuevos territorios, de tesoros escondidos como El Dorado que tantas veces habían escuchado en historias e imaginado en sus cabezas.   

Uno de estos conquistadores, Pedro de Ursúa, en compañía de sus soldados, de los esclavos indios y de algunos negros emprendió este recorrido que lo llevó al límite de sus fuerzas a lo largo de ríos inmensos  donde acampaban a sus orillas en medio del rumor agitado de la selva.

Su sueño acabó una madrugada, como lo cuenta William Ospina en esta novela, cuando sus hombres entraron en su tienda de campaña y le clavaron sus espadas frente a los ojos aterrorizados de su amante, la bella mestiza Inés de Atienza.

“La muerte de Ursúa en la selva de alguna manera parece reproducir, de un modo como borgiano, la muerte de César en el capitolio, el jefe que termina siendo atravesado por las espadas de todos sus amigos y compañeros. Esos  retablos históricos marcaron mucho la fuerza de los acontecimientos y ese amor de Ursúa por Inés de Atienza, que fue lo que lo llevó a ese desenlace, es muy importante para la historia, de manera que cada episodio fue marcando el ritmo del lenguaje e imponiendo también unos recursos literarios”.

Portada novela La serpiente sin ojos, de William Ospina. En Notas de Juan Guillermo

Portada de La serpiente sin ojos, la novela del escritor colombiano William Ospina

Éste es el tercer libro de su trilogía sobre la conquista española en el Nuevo Mundo (Ursúa -2005-, El País de la Canela -2008- distinguida con el Premio Rómulo Gallegos en el 2009), aventuras de barbarie y dolor, de sometimiento, amor y pasión, de travesía por ríos interminables y caudalosos como el  Amazonas, la serpiente sin ojos para los indígenas, de encuentro y avasallamiento de una civilización desconocida por selvas y montañas.     

“Esta novela ahonda un poco en esa sensación inicial de que estos hombres que venían, digámoslo así entre comillas, de la civilización y que entraban a un mundo más primitivo, más salvaje, más que llevar la civilización perdieron su contacto con ella, perdieron sus vínculos, sus lazos y más bien entraron en otro tipo de orden o desorden mental. Entonces preguntarse qué tanto la conquista civilizó a América o qué tanto el contacto con América barbarizó a esta Europa conquistadora. Para mí es una pregunta importante, pero más allá de ello las pasiones humanas son las mismas siempre, las mismas en tiempos de César, fueron  las mismas en tiempos de la conquista de América, son las mismas hoy”, explica Ospina

Él se ha documentado al máximo de estos hechos históricos, viajó por los ríos y selvas de la conquista al encuentro de un pasado, de unas respuestas cuyas preguntas, dice, sólo se pueden hacer desde el presente.

 “Muchos de los hechos que narro aquí inspirados en acontecimientos del siglo XVI todavía se viven en la Colombia contemporánea, y no sólo en la Colombia contemporánea. Reconstruir el pasado en la literatura es una ilusión, una ilusión necesaria porque sólo podemos mirar el pasado desde las preguntas y la sensibilidad del presente. Creo que son las pasiones de hoy las que nos ayudan a pensar en esas pasiones de ayer, es la selva de nuestras barbaries y violencias de hoy,  preguntas que son imperiosas, la pregunta por la naturaleza de si vamos a acabar de destruirla o a convivir con ella, la pregunta por el encuentro entre culturas y civilizaciones distintas y qué tanto es posible ese diálogo entre culturas, son preguntas que están vivas y en esa medida estos libros, aunque su anécdota es una anécdota del siglo XVI, pienso que sus historias son contemporáneas”.

Las voces de los conquistadores están presentes pero también las de la tierra, la selva que revela sus propias voces que parecen transportadas por el viento y contar lo que pasa en el corazón de los indígenas, 33 capítulos, el mismo número con que William Ospina construyó sus dos novelas anteriores, de deslumbramiento por la Amazonía, por su vegetación, por sus mujeres y tesoros, un encuentro cruel de culturas que ha marcado desde entonces el sentido de nuestro historia.

Un encuentro con Carlos Fuentes

Carlos Fuentes decía que un escritor es como un descubridor que se aventura en alta mar sin saber lo que se encontrará en su travesía. Él se atrevió muchas veces y se lanzó al vacío de la escritura aunque algunos comentaran de manera discreta que era muy inteligente para ser escritor.
 
Su método de escritura era sencillo, él mismo lo describió: “Yo apunto en la noche lo que voy a decir el día siguiente, lo que creo que voy a escribir. Me levanto, empiezo a escribir y me sale algo completamente distinto. ¿De dónde viene esto?, del subconsciente, del sueño, no sé. Está mucho de lo que había pensado, ¡claro!, pero hay tantas novedades que me alucinan, las sorpresas que se lleva el creador son las mejores. Jamás se me había ocurrido que iba a tener este personaje y que dijera esto, lo pongo al día siguiente, no lo había preparado, no lo había pensado, lo soñé, lo intuí, lo recordé sin recordar. Hay un gran misterio en la creación”.
 
En el auditorio de la Casa América Cataluña en Barcelona asistimos ese día, 2 de septiembre del 2011, algunos periodistas interesados en conocer dos de sus nuevas obras: La Gran Novela Latinoamericana y Carolina Grau.
Escritor mexicano Carlos Fuentes en Notas de Juan Guillermo
Foto Casa América Cataluña
Con su inconfundible acento mexicano compartió con una lucidez envidiable el detalle de estas obras y de su quehacer literario de muchos años, sus miradas de escritor para captar instantes que se convirtieron en la base de algunos de sus relatos como el de Aura, publicado en 1962:  Aura tiene una historia muy particular. Yo estaba en Paris con una amiga mía que salió de la recámara y fue a la sala y al regresar pasó bajo la luz que dividía las dos partes. Y en ese momento, bajo esa luz, esa muchacha de 20 años se transformó en una anciana y me vino la idea de Aura, la escribí sentado en un café durante 5 días. Y como siempre uno cree que es original pero no hay nada original, todo viene de otra parte. Todos los temas de la Literatura son viejos, lo único que cambia es el tratamiento que se le da en un momento dado a un tema antiguo”.
Él siempre tenía un proyecto literario en mente, un mar por descubrir, una historia que contar: “Yo creo que nos pasa a todos, nos estamos haciendo todos los días en nuestro trabajo,  no somos sino nuestro futuro, ¿verdad?
Carlos Fuentes se ha ido, no creo que esté muy lejos, ahora tal vez conocerá mejor y más de cerca ese universo infinito que se rebelaba en sus sueños y que seguiremos compartiendo mientras su espíritu permanezca vivo en sus libros.

El oficio de un escritor

La desaparición de un estudiante francés, Romain Lannuzel, en el 2007 es la idea de la que partió la escritora Carme Riera para su novela Natura quasi morta. Han pasado casi 5 años desde que este chico, matriculado con una beca Erasmus en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), no dejó ningún rastro como tampoco lo deja su personaje en la novela.

La realidad se transforma en una novela negra y el campus universitario es el escenario misterioso en el que se mueven las víctimas, en que la muerte sorprende como un ladrón en la noche.
Foto de Juan Guillermo Gaviria Riaño
Carme Riera, catedrática de Literatura en la UAB, conoce muy bien el campus universitario, ha crecido y se ha transformado con él. Sin embargo, como si fuera la primera vez que pisaba el lugar, recorrió con detalle los diferentes sitios imaginados para su novela, intercambió opiniones con los encargados de la seguridad, habló con los estudiantes, con los profesores, visitó la inspección de policía de Cerdañola donde sucede gran parte de la historia novelada.
La novela no se construyó con un golpe de inspiración sino que requirió de mucho trabajo. La imaginación y la creatividad hicieron su trabajo luego que la realidad golpeó a la puerta de la escritora y le mostró el camino a seguir. Dos años de lectura de otras novelas negras para conocer sus difíciles mecanismos, más de tres años de escribir y corregir, una y otra vez, incluso de la versión publicada en catalán a la publicada en español hace poco tiempo.   

Ese el oficio y el trabajo de un escritor, la novela no llega como caída del cielo sino que se construye con esfuerzo, con trabajo, algo que no está muy de moda pero que es la única manera posible de conseguir algo de valor literario donde la vida se manifieste con toda su fuerza y dimensión.  

Escriba…escriba

“Escriba…escriba”, me dijo Isaías Peña Gutiérrez cuando nos vimos hace unos meses en Bogotá en la cafetería de la Universidad Central.
El milo caliente calmó mi nostalgia y alimentó mi conversación con el maestro como si se tratará de una de las tantas charlas que tuvimos en aquel Taller de Escritores del que participé en el año 2000.  
En aquel entonces recibí sus enseñanzas y las de su valioso escudero, Oscar Godoy, un verdadero alumno aventajado, con la ilusión de sumergirme en el mundo literario, en una ficción sin límites alimentada cada día de manera contradictoria por la realidad. Muchas veces crucé esa puerta que me puso en contacto con hadas y príncipes, con reyes y princesas, con monstruos de carne y hueso o con héroes forjados en el afán de cada día.  
Cuentos Taller de Escritores. 2002

En las páginas de distintos escritores que leímos pasaron muchos personajes,  compartimos sus historias, la carpintería de su obra, yo y mis compañeros intentamos también lo nuestro, escribir y crear personajes, cuentos y narraciones con el deseo oculto o manifiesto de convertirnos en verdaderos escritores.

Algunos han persistido con más voluntad y disciplina que otros en este empeño y el tiempo será el mejor juez de todos. Como lo es para Isaías que durante 30 años ha conducido el Taller de Escritores de la Universidad Central, un hombre incansable que contagia su amor por la literatura y la creación literaria y al que ahora, creo que no es tarde, le doy mi más sincero agradecimiento y felicitaciones en un nuevo y afortunado aniversario de su labor. 

La poesía: un acto de vida

La voz del poeta argentino Juan Gelman se escucha pausada. Es un sonido cálido, ronco, que nace en su pecho y que filtra su garganta con esa modulación argentina que le da un ritmo lento y un sabor particular a cada una de sus palabras, nuevas o conocidas. “Eres mi única palabra, no sé tu nombre…”, dice al recitar uno de sus poemas.
 
“Escribir poesía es un acto de vida, es mucho más que un acto de escritura”, lo comentó en uno de los momentos que compartió con el público en su paso por Barcelona.  En uno de ellos presentó su último libro El Emperrado Corazón Amora.  En otro encabezó el llamado Banquete de Poesía Latinoamericana, una idea importada de Medellín y donde los comensales compartieron distintos primeros y segundos platos poéticos además del postre elaborado de palabras. 
 
Uno de los platos poéticos

A un lado de la mesa dispuesta para la cena poética, los asistentes encontraban los libros recomendados en el menú. Cada uno los saboreó y compartió como quiso, con los compañeros de silla o con todo el público en una espontánea lectura poética ante el micrófono del auditorio del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA).  

 
Allí comprendí mejor el sentido de la poesía como un acto de vida, no sólo por lo que revela y cuenta cada poema sino por esa necesidad de las personas de abrir su alma, de compartir unos  sentimientos e ideas que la poesía, como un filtro sofisticado, se encarga de elevar a su mejor y más bella forma de expresión.

Amores Urbanos

A finales del año pasado asistí en L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona, a la presentación del libro de poesía Amores Urbanos de Marta Cecilia Cedeño Pérez.
Unos meses antes había tenido la fortuna de recibir de su autora el libro que he ido leyendo con calma, como creo se debe leer la poesía, de saborear y oler cada una de sus palabras, de vivir esa ciudad de rincones y luces, de periferia y retazos, de cuerpos que se buscan entre el silencio y la complicidad mientras a su alrededor el  mundo bulle con toda intensidad.
Esa fuerza de los instantes, de una mirada que lo abarca todo y al mismo tiempo participa de esos encuentros desbordados de pasión le da una especial dimensión a la ciudad y a quienes viven en ella.
La ciudad de ojos
brumosos
mira desde abajo
mientras los cuerpos
son fuego breve
carne apretada en la baranda.
(Extracto poema XI)
Ese campo de edificios y antenas, de calles rotas por el ruido o los recuerdos, es testigo y  cómplice, el espacio donde todo es posible.
La ciudad regurgita
rutinas
conversaciones
sorpresas
lamentos
risas.
Allí se consuman
encuentros
retozos
copulaciones
emergencias
bajo la mudez de los cuerpos
tocados de azar.
(Poema VI)
La pasión de los amantes traspasa las paredes, las calles, los edificios.
Soy amante de ojos abiertos.
Mi encendido cuerpo
se oculta en el muro de tu casa
que a veces se desploma
con los placeres negados.
(Extracto poema VII)
Martha Cecilia construye una y diferentes ciudades de colores y aromas, calles que cuentan su propia historia de amor, seres que se reconocen y aman en cualquier cruce de sus recuerdos.
Así son estos Amores Urbanos, un libro que es un placer de leer en especial cuando se puede degustar, día a día, durante largo tiempo.

La fuga del premio Nobel

El profesor de Literatura Liu Xiaobo sigue entre rejas en China. El Nobel de la Paz que recibió hace pocos días no lo ha librado de ese encierro forzado, una prisión merecida para las autoridades chinas y muy injusta para quienes ven en él a un luchador por los derechos humanos y políticos en su país.
 
En 1989 algunas personas que estuvieron en esa histórica plaza de Tian’anmen recuerdan su participación activa en aquella protesta de estudiantes que terminó cuando los tanques rompieron cualquier disidencia y gritos en contra del sistema. Dicen que Xiaobo salvó a muchos estudiantes dado que consiguió que muchos abandonaran este lugar antes de ser víctimas de la represión.
 
Gao Xingjian, el premio Nobel chino de Literatura en el año 2000, que como Xiaobo es un innombrable en la China oficial, escribió muchos años después La Huida, una obra de teatro que recrea estos sucesos de Tian’anmen.
 
Sobre esta obra y otros temas relacionados conversé con Gao Xingjian cuando visitó Barcelona en marzo del 2007 para presentar su libro Contra los Ismos. Esta conversación tiene relación con lo que vive en la actualidad su país y padece el actual premio Nobel de la Paz. Por eso la rescato del baúl de los recuerdos y la comparto en este blog.
Cortesía David Ruano
“Se oye el ruido ensordecedor de los tanques avanzando en fila india sobre el asfalto envueltos por la oscuridad. No muy lejos, las metralletas y fusiles de asalto disparan sin cesar”, escribe Gao Xingjian en las primeras líneas de su obra de teatro La huida con que se inicia Contra Los Ismos, su último libro traducido al español.
La narración se dirige a una calle en ruinas, aparecen los personajes, una pareja de estudiantes y un adulto, se refugian en un sitio derruido, plagado de desastre. Allí llegaron luego de huir de los disparos que colmaron la plaza principal de la gran ciudad. Es un lugar oscuro, inseguro, el agua se filtra por todas partes, la muerte se esconde en cada rincón. Y en medio de ese desfiladero surgen dramáticos diálogos que parecen las últimas palabras de los condenados a muerte, “si abren fuego, ya no habrá vuelta atrás”, dice la aguerrida joven que no pasa de los 23 años.
De esos condenados que murieron, de los condenados que se salvaron escribió Gao Xingjian, de esa realidad que lo golpeó como una de las ráfagas que destrozaron las entusiastas formaciones de estudiantes aquel 4 junio de 1989 en la plaza de Tian’anmen en Pekín. “Creo que la Literatura, incluida la ficción, no tiene valor si no despierta lo real de la vida. Para mí es revelar el testimonio de la existencia humana”, dice Gao en un francés que pronuncia con naturalidad gracias a sus 20 años de exilio en París. Desde allí anunció a los pocos días de la masacre que renunciaba a pertenecer al Partido Comunista de China. Sus autoridades tildaron la obra de reaccionaria y lo declararon ‘persona non grata’.
No era la primera vez que tenía problemas con ellos. Otra de sus obras de teatro, Parada de autobús, fue considerada profundamente antisocialista y perniciosa para China. Lo mismo que La otra orilla a la que sólo se permitió su representación sin diálogos.
Gao es el Innombrable en su país. La distribución de sus libros está prohibida y su nombre no aparece en la lista oficial de los escritores chinos. El premio Nobel de Literatura del año 2000 tampoco lo ha salvado de ese extraño anonimato. Es como si no existiera o hubieran borrado sus pasos, el registro de su reclusión a los 29 años en un campo de ‘reeducación’ donde tenía absolutamente prohibido escribir. Él escribió de todos modos, escondía los papeles en macetas, bajo la tierra o la estera de paja de su colchón, los quemaba y volvía a escribir, una u otra vez, así comprendió que, de verdad, había comenzado a convertirse en escritor.
Su lucha ha sido siempre solitaria, se resiste a ser clasificado, sometido, a no tener una expresión propia. Por eso piensa que la huida es la única salida. “En la vida nos encontramos en una huida permanente. Si no huimos de la opresión política huimos de los demás, y por si fuera poco, debemos huir también de nosotros mismos en cuanto nuestro ego se despierta, a pesar de que al final es precisamente de este ego de lo que nunca logramos desprendernos. Éste es el drama actual de la gente”, escribe en otra de las partes del libro Contra Los Ismos que incluye ensayos sobre el teatro y el individuo.
Cortesía David Ruano
¿Por qué el título del libro? “Los ismos son pensamientos fijos, inamovibles, vinculados a intereses, pero detrás siempre hay un trasfondo político, no es un auténtico libre pensamiento. El quedarnos bloqueados por algunos ismos ideológicos implica un compromiso político muy fijo, hace perder la independencia intelectual del escritor. Pienso que los grandes escritores van más allá de la ideología, incluso los que se dicen comprometidos. Si algunos tienen una obra más importante es porque ella ha ido más allá de la ideología”
Él está seguro que como escritor es apenas un testigo, un hombre que sólo tiene la fuerza de su testimonio que no cambia las cosas. Sin embargo, parece que las autoridades chinas no piensan lo mismo.
“Eso es problema de las autoridades. Pienso que la Literatura puede formar a la gente, despertar la conciencia humana, pero no puede cambiar al mundo, eso es imposible, además ¿quién puede cambiarlo?”.
Con esa conciencia escribe cada día, casi sin descanso, como cuando estaba recluido en un centro de reeducación y la escritura era su mayor acto de rebeldía. Él es como el personaje del adulto en La huida quien en diálogo con el joven, que le reprocha su falta de compromiso con el movimiento estudiantil, le responde “no tengo ningún interés en convertirme en una carta en manos de otra persona y que jueguen conmigo. Debo mantener mi propia voluntad, independiente e inamovible. ¡Por eso tengo que huir!”
Por eso huyó de China así como otros escritores en el mundo lo han hecho de sus países, caso de Latinoamérica. ”A menudo en los países latinoamericanos hay un poder totalitario y los autores tienen que acercarse a dificultades que, con frecuencia, se parecen a las chinas. Hay muchas guerras, violencia, lo que ha marcado esa literatura, aunque los grandes autores latinoamericanos, con relación a los autores chinos del mismo periodo, tienen más libertad de expresión y su literatura es mucho mejor que la China donde ha habido mucha censura. En América Latina, además, si uno está prohibido en un país puede saltar a otro y seguir escribiendo”, dice
Gao ya no tiene que esconderse para escribir. Confiesa que ahora sí es feliz aunque ha sufrido mucho. Como cuando le diagnosticaron equivocadamente que tenía cáncer de pulmón y en una especie de reencuentro con China viajó cerca de 15.000 kilómetros por los bosques del sudoeste, donde además se protegió de los rumores que le advertían de su encarcelamiento en una granja prisión por su obra de teatro Parada de autobús. Como un personaje más compartió las leyendas, cuentos, canciones y costumbres que plasmó en su gran novela, La montaña del alma. 7 años de trabajo, de búsqueda de un lenguaje, de mezcla de fábulas, de apuntes de viaje. Él defiende esta experimentación, el uso de nuevas técnicas que ayudan a revelar mejor la vida.
Él es una especie de artista renacentista que además escribe cine, opera, danza, poesía, teatro y pinta acuarelas, como la que realizó para la portada de Contra Los Ismos, con las que se ganó la vida durante muchos años.
¿Volverá a China algún día? “China es la que no quiere saber de mí”, dice con simpleza, sin un asomo de tristeza, mientras tanto él sigue huyendo porque, como él mismo escribe, “huir es reclamar la existencia, de otro modo, si uno no muere prisionero en una jaula, es destruido por la lengua de las masas”.

“Hay que desmitificar a los niños”

El próximo 15 de noviembre es la fecha límite para la entrega de las obras (cuento o novela) al XVI Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Norma-Fundalectura 2010
El año anterior, en Barcelona precisamente se hizo una interesante reflexión sobre esta Literatura, en las Primeras Jornadas de Literatura Infantil y Juvenil en la Casa América Cataluña. Allí participó el escritor bogotano Evelio Rosero que además se enfrentó a las preguntas de numerosos niños que no sólo habían leído algunas de sus denominadas obras juveniles sino que tuvieron el gusto y el valor de representarlas frente a él.
 

Rosero piensa que los niños son seres humanos que sienten y sufren como un adulto a quienes no se debe embaucar con cuentos de hadas y bosques encantados que nada tienen que ver con su realidad. Con él conversé de estos temas y ésta es la entrevista que les comparto.

Cortesía Casa América Cataluña

 

 El Diablo visita a Dios. Se la ha caído uno de sus dos cachos y quiere que Dios le haga el milagrito de pegárselo de nuevo en su cabeza. Dios no lo puede ayudar, confiesa que ya no tiene el poder de antes, además está resfriado y con hambre. La solución: ir a un restaurante a la Tierra. Un pato asado los espera, también muchos líos, los dos acaban en la cárcel y perseguidos por la policía aunque al final quedan libres de toda culpa y con el ánimo dispuesto para comerse un buen caldo de cachos de Diablo, jugar ajedrez y escuchar las poesías que Dios declama en voz alta.

Los aplausos se escuchan en el auditorio, los niños del colegio SES El Vern de Barcelona finalizan la presentación de esta obra de teatro, ‘Ahí están Pintados’, del escritor bogotano Evelio Rosero Diago. El motivo: las Primeras Jornadas de Literatura Infantil y Juvenil Latinoamericana en la sede de Casa América Cataluña.

Evelio mira satisfecho la actuación de los niños. “Yo creo que hay que desmitificar a personajes como el Diablo, como Dios. Lo hice como una especie de rebelión porque cuando era niño vivía perpetuamente asustado de los cuentos sobre el Diablo con los que los adultos pretendían acostarnos o amedrentarnos para que no molestáramos o no pensáramos, para que no fuéramos libres. Esa especie de rebelión, creo que es la que he trabajado en mis temas para enseñar a los niños a ser más libres y a no dejarse encadenar por el mundo del adulto”.

También piensa que hay desmitificar al niño: “El niño es un ser humano que padece y sufre tanto como cualquier otro adulto y esa literatura para niños de ángeles, donde el niño está siempre ensoñado en un bosque encantado, para mí es deprimente, no es verídica y está mandada a recoger. Muchos escritores creen que escribir para niños es repetir cuentos de hadas y me parece que están haciendo mal, los niños sufren y aman, también sienten el deseo vital, la sensualidad. Yo sólo le pido a quien me escuche que piense en su propia infancia, en su primer amor, eso es tan intenso como el enamoramiento de cualquier adulto”.

Un día, cuando tenía 20 años, Evelio recibió la visita sorpresiva de sus sobrinos que le indagaron sobre la larga ‘carta’, una novela en realidad, que escribía. Con su curiosidad infantil, la tomaron entre las manos pero ella no les inspiró más que un bostezo. Eso significó para él un reto, escribir textos que los distrajera cuando visitaran a la abuela, así surgió su primer libro de cuentos para niños, ‘El Trompetista sin zapatos y otros cuentos para poco antes de dormir’.

Sus sobrinos crecieron y Evelio aún escribe estas historias infantiles y juveniles: “Me cuento esos cuentos, esas historias que yo hubiese querido soñar y leer cuando era niño. Yo creo que es ahí cuando aparece un cuento como ‘La Pulga Fiel’, ‘El Regreso del Mago’, la misma ‘Cuchilla’, que ya es una novela para preadolescentes, o ‘Pelea en el Parque’. Son recuerdos de infancia, una memoria de mi época de niño que yo he recreado a través de la Literatura y que yo no sé porqué mecanismos inconscientes, literarios, la escribo con esa ensoñación juvenil, infantil y por eso mismo se origina un lenguaje transparente que es lo que yo considero diferencia a la literatura para niños de la literatura para adultos: no hay compromisos ideológicos, no siento barreras académicas, de información, históricas, me libero de todas estas ataduras del mundo del adulto para acceder a una literatura plenamente veloz y transparente, liviana, que llega al corazón del hombre, a todos los públicos”.

Cortesía Casa América Cataluña

El ganador del prestigioso premio del diario inglés ‘The Independent’ (su novela ‘Los Ejércitos’ fue escogida como el mejor libro de ficción traducido al inglés durante 2008) prefiere no referirse a la Literatura Infantil, cree que no existe, en su lugar escoge el término ‘Literatura Transparente’, es decir, la Literatura para todos los públicos. Él piensa que la Literatura es una sola, lo demás son inventos comerciales: “Ya lo decía Borges que esto es una invención de las editoriales a mediados del siglo XX que pretendieron abrir como un campo comercial exclusivamente dedicado a los niños. Por ejemplo, Melville no pensó que estaba escribiendo con ‘Moby Dick’ una novela para niños, sencillamente escribió ‘Moby Dick’, igual Julio Verne y otros grandes escritores que ahora los leen los niños no escribieron pensando en dedicar, dirigir su obra a niños”.

Evelio Rosero tampoco lo hace, simplemente escribe un tema por el interés que despierta en él. Luego encuentra el tono, la forma y el lenguaje más adecuados para contar esa novela o cuento. Cuando el resultado es un tipo de ‘Literatura para todos’, “el trabajo de lenguaje es distinto porque siento que trato de acceder a un lenguaje transparente donde no recurro a experimentaciones lingüísticas o metafóricas que sí me asoman cuando trabajo un texto erótico, por ejemplo, o simplemente de reflexión”, explica.

Sus primeras tres novelas: ‘Juliana los Mira’, ‘El Incendiado’, y ‘Mateo Solo’ trabajan el mundo de la infancia y la adolescencia aunque para su autor no son textos que precisamente le interesen a un niño. “Eso quiere decir que no son novelas dirigidas a los niños, ahora bien puede existir un niño que lea esas novelas. Yo tenía 10-12 años cuando leí ‘Madame Bovary’, sin embargo me interesó tanto su tragedia como, al mismo tiempo, la lectura de ‘Viaje al Centro de la Tierra’, ‘20 mil leguas de viaje submarino’, creo que en eso radica la diferencia, en la llegada del libro a determinado público”.

Confiesa que el libro que siempre recomienda en los talleres para niños es ‘El Coronel no tiene quien le escriba’ que piensa puede ser leído, sin problemas, por un niño de 8 años sin que sea un libro para niños. “Fíjate la ironía, ese libro está escrito de una manera tan clara, tan precisa, que puede ser degustado por un adulto o por un niño”.

Al hablar de ‘Literatura Transparente’ recuerda que el primer libro que lo deslumbró de niño fue ‘Robinson Crusoe’, de Daniel Defoe. Luego siguieron las obras de Julio Verne, de Jack London.

De los autores de Colombia reconoce que no se sintió atraído por Rafael Pombo, aunque sí por el escritor manizalita Arturo Suárez quien publicó una serie de textos sobre leyendas de Antioquia. Precisamente, en una de ellas el diablo pierde a los naipes con un arriero. Ese tipo de historias lo influenciaron, lo mismo que las contadas por el escritor italiano Emilio Salgari, así como las ‘novelas para adultos’ de los escritores rusos del siglo XIX (Dostoiewsky, Turgueniev, Gógol, Tolstoi, entre otros) y de los autores del boom latinoamericano.

Con estos maestros literarios y su trabajo incansable aprendió el oficio de escritor, a ensamblar y contar historias, a construir un camino muy personal en la Literatura. “Las intenciones moralistas, la conclusión de enseñanza, no me parecen adecuadas. Yo creo que no busco enseñar, ni moralizar con mis cuentos, sencillamente mostrar una realidad, un aprendizaje, una experiencia que yo tuve o que imagino y comunicarme con ese ser espiritual que todavía no ha sido contaminado y que se llama niño”.

Él que ha ganado y sido nominado por muchos de sus libros ‘infantiles y juveniles’, hoy siente el vacío de no poder escribirlos: “Hace tiempo que no escribo para niños, he perdido esa alegría, yo quisiera volver a sentir ese entusiasmo de sentarme a escribir de esa manera y no me llega, no sé qué ha pasado, seguramente la misma realidad del país. Fíjate en ‘Los Ejércitos’, en ‘El Lejero’, son novelas ubicadas en la Colombia de hoy, el dolor del país que me ha avasallado, yo no sé si precisamente por ese dolor ahora me es imposible escribir para niños”, concluye.

En recuerdo de Saramago

Hace un poco más de 4 años tuve la fortuna de entrevistar o, mejor, de charlar con el escritor portugués José Saramago. Faltaban pocas semanas para las elecciones presidenciales de Colombia y algo más para las correspondientes de México. Por eso la charla se centró en esos temas. Hoy en recuerdo y honor al maestro muerto quiero que ésta sea la primera nota que publico en el blog.
José Saramago habla un español lento, pausado, con un sabor portugués que mastica en cada una de sus palabras. A veces parece que su voz se pierde en un giro ininteligible, luego reaparece con contundencia para golpear con toda la fuerza de sus ideas.
Su compromiso siempre ha sido con las palabras, con las que escribe y las que pronuncia. Siempre está dispuesto allí, donde hay una causa que requiere su ayuda, en una plaza pública o frente a un auditorio de estudiantes que como los de la Universidad Autónoma de Barcelona escucharon su charla anecdótica y seria sobre las relaciones entre autor y traductor que en su caso es su esposa, la española Pilar del Río.
Luego de los aplausos parecía cansado, “no tengo tiempo para nada ni siquiera ahora”, pero como un maestro de clase que entra en confianza con sus alumnos accedió a hablar unos minutos de la política latinoamericana y, en especial, de la colombiana, de las próximas elecciones presidenciales, de las FARC e incluso de los indígenas americanos.
¿Cómo analiza las próximas elecciones presidenciales en Colombia?
Es una coincidencia pero es así, yo hice una declaración de apoyo a Carlos Gaviria que ha sido leída en el mitin de la plaza de Bolívar por Laura Restrepo. En este momento, según tengo información, Carlos Gaviria está con el 24%, lo que sería importante es que se acercara más, todo lo que pudiera, a la intención de voto de Uribe y que en la segunda vuelta, si hay una segunda vuelta, si Uribe no llega al 48 o 49 %, Carlos Gaviria pudiera realmente encadenar un movimiento de opinión que lo llevara a la presidencia. Yo creo que Carlos Gaviria sería, como lo he dicho en esa declaración por lo que sé y conozco de él, el presidente que Colombia necesita.
¿Qué pasará si sigue Álvaro Uribe en el poder con respecto a los procesos de paz con los grupos guerrilleros?
Bueno no sé lo que pasará, lo que Álvaro Uribe ha hecho hasta ahora, en el fondo, es dialogar con los paramilitares, que algunos de ellos se han desarmado y todo esto no sabemos por cuánto tiempo pero el problema central se mantiene intacto. En primer lugar está el problema de los secuestrados, es decir, las FARC no pueden estar viviendo del secuestro, eso no tiene ningún sentido. Hay gente secuestrada hace 7 años y no han cometido ningún crimen, ¡secuestrados durante 7 años como si estuvieran en la cárcel!, eso tiene que resolverse.
El problema de la necesidad de cambio no sólo es del estado colombiano, es también de la guerrilla. En primer lugar tiene que decir qué es lo que quiere realmente, además vivir del secuestro y del narcotráfico no me parece algo muy digno de un guerrillero. Los que llamábamos guerrilleros eran gente con una dignidad personal e ideológica y todo eso yo no le encuentro en (sic).
En los diálogos con la guerrilla, en ocasiones falta una persona que una a las partes. ¿Usted estaría dispuesto a servir de puente entre la guerrilla y el gobierno?
Mire, si yo pensara que eso tendría alguna utilidad lo consideraría como algo de lo más importante en toda mi vida, pero no pienso que eso (sic). Lo que se necesita es sentido común.
Latinoamérica vive un proceso de cambio a la izquierda. ¿Cree que esto se dará tarde o temprano en Colombia?
Puede ocurrir, pero hay algo que puedo decir, por otra parte, que desde mi punto de vista es importantísimo: la emergencia con los indígenas. Yo creo que América, América hispánica por llamarla así, cambiará cuando las comunidades indígenas tengan la importancia que deberían tener. En el fondo los indígenas eran los más antiguos, los dueños de la tierra, y han sido expoliados, robados, humillados, todo eso. América tiene que cambiar, no para quedarse en una apariencia de cambio que tiene que ver con cambios políticos, ideológicos de los que efectivamente gobiernan. Es, sencillamente, tener en cuenta la insistencia de la comunidad indígena que lleva hace 500 años sufriendo y sufriendo y sufriendo, caso de Guatemala, la población es 50% maya y ¿qué presencia tienen ellos en la vida de Guatemala? Ninguna.
Pero América ya está cambiando
Está cambiando, claro, pero mira lo que está pasando en Chile con los mapuches. En este momento están unos cuantos en una huelga de hambre porque se les aplica una ley antiterrorista que es una cosa extraña. Los mapuches no quieren robar, su territorio histórico está reducido 6 o 7% de lo que había antes. Benetton, las multinacionales han robado todo aquello con la complicidad no quiero decir, con la indiferencia con algo que no me parece muy recomendable pero está (sic). Y llevar creencia (sic), es decir, que los respeten, la reivindicación, a lo mejor no quieren que se les devuelva el territorio.
También hay elecciones presidenciales en México el 2 de julio, ¿qué piensa de este proceso?
Creo que está claro para todo el mundo que México necesita una vuelta, que se transforme porque los candidatos serían en el fondo más de lo mismo y México ya está harto de más de lo mismo: corrupción política, toda la forma del caciquismo de gobernar, no sólo del estado central. Se necesitaría una revolución en la mentalidad, no estoy hablando de revoluciones largas o militares o insurrección civil, no hablo de eso, hablo de una revolución de la mentalidad mexicana. Yo conozco a López Obrador, creo que sería un buen presidente para México. Él podría abrir el tiempo y el espacio para esa revolución, que si alguna vez ocurre no será de la noche a la mañana, es un trabajo lento, de generaciones, pero si el pueblo mexicano encuentra el líder consciente, honesto, que rechace y elimine la corrupción del cuerpo social mexicano pues sí está en el pueblo.
Si gana López Obrador, ¿se fortalecerá aún más la izquierda en América Latina?
Sí, cierto, pero cuando yo oigo decir izquierda no sabemos de qué estamos hablando. La izquierda europea, por ejemplo, en el fondo hace política, sobre todo en lo económico, de derecha, el problema está ahí.
¿Qué piensa de la actitud de los intelectuales en los cambios que se suceden en América Latina?
Los intelectuales están muy callados. Hay excepciones, naturalmente, pero no me doy cuenta que haya en este momento una presencia y opinión de los intelectuales latinoamericanos a la altura de lo que a mí me parecería necesaria porque América Latina está en un proceso de tal forma interesante, que es lo mínimo que se puede decir, y que puede sustituirse por la palabra apasionante. Me doy cuenta que los intelectuales de los distintos países están como si esperaran a que todo se resuelva para luego, no lo sé, no es que los intelectuales tenga siempre la razón porque no la tienen pero llamaría la atención, movería las conciencias. Yo, por otra parte, no tengo que estar dando la opinión sobre lo que hacen los demás.