El epílogo es nuestro

Después del acuerdo de paz en Colombia entre el gobierno y las FARC-EP, esta es la pregunta del plebiscito: ¿Apoya usted el Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera? Yo sí lo apoyo.

Son 6 manos unidas que han ayudado a construir el Acuerdo Final de Paz entre el Gobierno y las FARC-EP. Faltan las manos de más colombianos  alrededor de este esfuerzo que pone fin a más de 50 años de guerra en Colombia. El plebiscito es el domingo 2 de octubre.

Los presidentes de Colombia, Cuba y el líder máximo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Tres de los protagonidas que han ayudado a construir el Acuerdo Final de Paz entre el Gobierno y las FARC-EP. Faltan las manos de más colombianos alrededor de este esfuerzo que pone fin a más de 50 años de guerra en el país. El plebiscito es el domingo 2 de octubre.

El Acuerdo Final entre el gobierno y las FARC-EP para el fin del conflicto armado llegó después de más de 5 años de conversaciones secretas y públicas.

Y ahora, el domingo 2 de octubre, los colombianos debemos decidir en el plebiscito si estamos a favor o en contra, si este acuerdo tiene luz verde o se estrella en una pared como un automóvil sin control. Un voto a favor implica que despegue el acuerdo, uno en contra que se cierre la pista para que ese avión tome vuelo. No supone lo que algunos de sus críticos de buena fe creen, es decir, que las dos partes se reúnan de nuevo para realizar las rectificaciones y correcciones como si se tratarán de escritores que pulen el original del libro que han escrito en compañía.

El libro que ellos han escrito es ese, no hay más versiones, ni capítulos extras de su parte. Esa novela está escrita así pero los colombianos, con nuestro voto, le podemos dar un epílogo digno que justifique tanto esfuerzo.

El acuerdo puede que no sea justo y equilibrado desde el sentir de muchos colombianos, en especial para las víctimas más directas del conflicto  y quienes han perdido a sus seres queridos. Hay muchas heridas, demasiados odios, rencores, agresividad, sufrimientos acumulados durante más de 50 años de esta guerra no declarada que no les permiten a muchos colombianos dar su voto por el sí. En su lugar,  algunos preferirían desaparecer del mapa a los integrantes de las FARC o que ingresaran en la cárcel y se pudrieran allí de por vida, no que estén los cinco a ocho años previstos en este acuerdo por sus delitos o los 20 años, en el caso que no digan toda la verdad, aunque tengan el compromiso de reparar a sus víctimas.

En unos casos recuerdan que un familiar estuvo, por ejemplo, secuestrado y que esos “H.p. de las FARC” lo tuvieron amarrado a un árbol con la incertidumbre de lo que pasaría con su vida. Claro, esos son hechos que nunca se olvidan y es difícil pedirle a los afectados y su entorno que no decidan su voto con el hígado sino con la cabeza.

Pero este Acuerdo Final, aunque algunos crean equivocadamente que quien lo defienda es un antipatriota, traidor, vendido o aliado de las FARC, es una oportunidad para que estos hechos nunca vuelvan a suceder y para que esta guerrilla, más vale tarde que nunca, haya comprendido que el único camino posible para construir una sociedad democrática está en otros lugares, no los de la selva o la montaña, camuflados con unas armas, sino desde una tribuna política donde quiera que esté. La “construcción de una paz estable y duradera”, como también reza el titular de este acuerdo final, es responsabilidad de todos, no es un asunto de quienes votemos por el sí, “allá ellos con este muerto”, pensarán tal vez ciertos opositores empeñados en recoger firmas, en demandar este acuerdo de paz, dentro y fuera del  país, sin ofrecer una salida política al conflicto.

Este acuerdo con las FARC-EP no tiene color político ni es el logro del actual presidente o de su inteligente y prudente jefe de negociación, es un esfuerzo de muchos años, de muchas personas, del intento durante más de 30 años de todos los presidentes de Colombia que, paradójicamente, algunos de ellos hoy luchan porque este Acuerdo Final se quede en letra muerta con disculpas jurídicas que no ayudan a perfeccionar este proceso de paz sino que amenazan con enterrarlo definitivamente.

La reconciliación o, por lo menos, la convivencia civilizada es algo que está en nuestras manos. Si otros países, con conflictos tan graves como el nuestro, lo han logrado, ¿por qué nosotros no vamos a ser capaces? La decisión es ahora, no dentro de unos hipotéticos años con un hipotético nuevo acuerdo, con un hipotético presidente en una hipotética Colombia.

 

 

 

La partida de Eduardo Galeano

Eduardo Galeano, con una libreta en la mano, repasaba con su mirada los
cientos de libros que ese 23 de abril, en la mañana, inundaban el Paseo de Gracia de Barcelona durante el Sant Jordi del 2008. En medio del gentío que, a tropezones, buscaba las últimas novedades editoriales y la firma de su autor favorito, el escritor uruguayo sacó unos minutos para conversar conmigo de su libro Espejos, una historia casi universal que acababa de salir al mercado.

 

El escritor uruguayo, un referente de la Literatura Latinoamericana. (Foto cortesía de Casa América Catalunya)

El escritor uruguayo, un referente de la Literatura Latinoamericana. (Foto cortesía de Casa América Catalunya)

Era un hombre con una mirada firme, así como sus convicciones, que aprendió a interpretar el devenir de Uruguay y Latinoamérica en sus conversaciones en los cafés de Montevideo, un escritor que dejó testimonio de su compromiso con su continente en sus numerosas narraciones que construyó a lo largo de su vida de exilios y regresos, de denuncias y huidas.

En dos oportunidades, en Uruguay y Argentina, huyó al exilio, era un elemento incómodo para los regímenes dictatoriales por sus críticas a la opresión, por reivindicar los derechos de los más desprotegidos, por alzar su voz contra la explotación del continente como cuando escribió Las venas abiertas de América Latina (1971), su libro más vendido.

Eduardo Galeano partió pero su obra y figura permanecerán en la memoria colectiva.

Eduardo Galeano dejó una numerosa obra periodística y literaria. (Foto cortesía de Casa América Catalunya)

En cualquier escenario en el mundo, hizo sentir su voz crítica contra los abusos y el poder que aplasta lo que le estorba. Y en sus libros plasmó la fuerza de su palabra, de las palabras de otros a los que él escuchaba para nutrir sus historias. “Para ser capaces de decir algo tenemos que ser capaces, antes que todo, de escuchar”, decía.

Galeano aprendió a escuchar pero también a escribir, a atrapar con sus letras sus reflexiones de lo cotidiano en el periodismo y la Literatura. Dicen que dejó un escrito preparado para después de su muerte, imagino que será una reflexión, con algo de su agudo sentido del humor, que cuestiona el mundo que nos rodea y con preguntas, tal vez como la que alguna vez hizo en su libro Espejos, al hablar de lo que pasa cuando alguien muere y su tiempo acaba: ¿Mueren también los andares, los deseares y los decires que se han llamado con su nombre en este mundo?”. En su caso, seguro que no.

Hasta luego Gabo, ¡buen viaje!

Saludo a Gabriel García Márquez en Diario La Prensa, de Bogotá

Un momento especial, el encuentro con Gabriel García Márquez en el Diario La Prensa, de Bogotá.

Un día, a comienzos de los 90, conocí personalmente a Gabriel García Márquez. Él visitaba las instalaciones del diario La Prensa en Bogotá, una casona acogedora en el barrio Bosque Izquierdo, cercana al centro de la ciudad.

Él siempre había querido fundar un periódico y, tal vez por eso, recorrió con un gran interés cada uno de sus rincones en medio de la curiosidad de los periodistas que detuvimos nuestros trabajos en los computadores de escritorio que ya, para ese momento, habían desplazado las bien recordadas máquinas de escribir.

En un recodo de ese camino interior por la casona tuve la suerte de saludarlo. Yo, como reportero de deportes, le estreché las manos con una amplia sonrisa que disimuló mi despoblado bigote que no acababa de crecer.

Él con una americana gruesa, muy apropiada para el frío bogotano, y con una camisa sin corbata, como prefería vestirse, me saludó con su sonrisa desenfadada que desarmaba cualquier protocolo.

Gabo dejo la herencia de una amplia obra periodística y literaria.

Gabo dejó una amplia obra periodística y literaria. Un escritor genial con una obra universal. (Foto de Juan Guillermo Gaviria Riaño)

Era el encuentro con el escritor que descubrí en mi época de colegio al leer, con los ojos muy abiertos, El coronel no tiene quien le escriba. El maestro del periodismo del que aprendí muchas lecciones del oficio en las lecturas de sus reportajes y crónicas o en sus explicaciones sencillas y didácticas de que cómo redactar una información.

Cuando ganó el Nobel de Literatura en 1982 aún no había concluido mis estudios de periodismo y su premio se convirtió también en mi premio, en un estimulo, en un camino a seguir.

Gabo, como aprendimos a llamarlo siempre cariñosamente los colombianos, no sólo fue el escritor maravilloso que el mundo ahora despide con honores. Él encarnó el valor de la disciplina, del esfuerzo, del hombre que superó muchas veces, casi de milagro, las dificultades económicas alimentado por la pasión inmensa de su escritura, de la Literatura que salía de sus entrañas como su única y maravillosa razón de vivir.

Él recreó en sus libros esos mundos que parecen mágicos pero que son, en realidad, parte de la vida que lo rodeó desde niño y que aprendió a conocer y a contar en las historias que le contaban sus abuelos maternos en aquella Aracataca cálida de su infancia.

En sus libros y escritos están los trazos de su propia historia, de Colombia, de América Latina. Gabo le dio vida a estas narraciones y ellas tocaron el alma de muchas personas en el mundo entero.

Cien años de soledad lo convirtió en un escritor universal y Macondo un territorio mágico donde todo era posible como que Remedios, la bella, subiera al cielo agarrada a uno de los extremos de una sábana impulsada por el viento. Es un libro mítico pero el que permanecerá, confesó en una oportunidad Gabo, será El amor en los tiempos del cólera porque allí está reflejado cómo somos los seres humanos.

Mil y una historias para ser leídas de nuevo que nos regaló antes de partir. Hasta luego Gabo, ¡buen viaje!

Salto triple a la historia

Desde 27 metros de altura, el clavadista colombiano Orlando Duque consiguió en Barcelona el primer título mundial de saltos de gran altura dentro del campeonato mundial de natación. Esta es la historia de su conquista.

Orlando Duque en uno de sus saltos de entrenamiento del primer mundial de saltos de gran altura en el mundial de natación de Barcelona. (Foto: Juan Guillermo Gaviria Riaño)

Los jueces premiaron la técnica del clavadista colombiano en su quinto y último salto con un triple puntaje de 8.5, suficiente para vencer a su más difícil rival, el británico Gary Hunt.  Para la historia quedará como el primer campeón mundial de saltos de gran altura en un mundial de natación.  Barcelona. (Foto de Juan Guillermo Gaviria Riaño)

La estructura de 27 metros se erigía imponente sobre un espacio tranquilo del mar que a esa hora golpeaba con suavidad la playa de Barcelona. Orlando Duque, con su bañador azul y una venda elástica negra en su tobillo derecho, dio sus últimos pasos antes de llegar a lo más alto de la cima.

En su mente repasó, como es su costumbre antes de cada salto,  lo que debía hacer segundos después: un salto triple atrás con tres giros. Era un lanzamiento que había preparado durante los dos últimos años aunque esta vez la exigencia era máxima.

Su gran rival, el británico Gary Hunt tenía una ventaja de 38.30 puntos que parecía suficiente para ganar el primer campeonato mundial de salto de gran altura que se realiza dentro de un campeonato mundial de natación reconocido por la Federación Internacional de Natación (FINA).

De espaldas al mar, Orlando se empinó y tomó el impulso final. Con la energía de los campeones se lanzó de la plataforma, su cuerpo se contorsionó hacia atrás con dos especies de tirabuzones que lo colocaron en la posición vertical correcta con la que entró con fuerza al mar. Tres segundos después emergió del agua con sus dos manos y la señal a los buzos que lo acompañaban que se encontraba en perfectas condiciones. Los jueces le otorgaron un triple puntaje de 8.5 que lo convertían en el mejor de la competencia. (Video de sus tres saltos finales)

Orlando Duque en una de las rutinas de sus saltos desde 27 metros de altura. Los buzos vigilan que el saltador no tenga ningún problema  (Foto de Juan Guillermo Gaviria Riaño)

El clavadista colombiano Orlando Duque acompañado de los buzos encargados de vigilar cualquier problema de los saltadores. Mundial de Natación Barcelona (Foto de Juan Guillermo Gaviria Riaño)

Sólo quedaba Hunt por lanzarse, el único que podía arrebatarle el título. Su salto, con una dificultad de 5.6 como el del colombiano, falló al momento de entrar al agua. Orlando se convirtió, por primera vez en la historia de unos campeonatos mundiales de natación, en el campeón de saltos de gran altura. “Gary tenía la presión de ser el último en saltar, sabía el puntaje que yo tenía y al final cometió un error –explica-. Este triunfo es lo mejor que me ha pasado en mi carrera. Yo he ganado todo los títulos que existen en mi disciplina pero éste es diferente, quedará en la historia que yo fui el primer campeón de la especialidad en un campeonato mundial de natación”.  Además acumula 10 títulos internacionales en su modalidad:  6 veces campeón de la Copa Mundo, 3 del Tour Mundial y 1 de la Serie Mundial.

A sus 38 años es un hombre muy disciplinado que trabaja duro, con la misma pasión que cuando, en el año 97, comenzó a lanzarse desde 25 metros como parte de la función de natación en un  parque zoológico en Austria. “Éramos como los payasos que representaban una comedia desde las alturas”, confesó años atrás.

En Barcelona, Orlando Duque consiguió el único título que le faltaba en su especialidad: el campeonato mundial de salto de gran altura dentro de un campeonato mundial de natación. (Foto: Juan Guillermo Gaviria Riaño)

A sus 38 años Orlando Duque, el clavadista colombiano de saltos de gran altura, es un hombre que lo ha conquistado todo en su especialidad. Su sueño: competir en los próximos Juegos Olímpicos. Su modalidad aún no está incluida dentro de los deportes olímpicos. (Foto de Juan Guillermo Gaviria Riaño)

Ahora, después de lanzarse cientos de veces desde toda clase rocas, en medio de olas que  golpean contra las bases de los peñascos, es un saltador maduro que controla sus miedos y que cultiva nuevas ilusiones como la que su especialidad sea también aceptada oficialmente dentro de unos Juegos Olímpicos. “Si se incluye en el 2016, yo creo que todavía aguanto.  Me dedicaría a trabajar muy fuerte para hacerlo”, dice, sus compañeros lo abrazan, felicitan, él mira y agradece a la distancia al público que parece brillar aún más por el fuerte sol de verano, no es un espejismo, lo ha conseguido, ya dejó su nombre en lo más alto de la historia.

La conquista de la Amazonía

Hace pocas semanas en Barcelona, el escritor colombiano William Ospina presentó La serpiente sin ojos, la tercera novela de su trilogía sobre los conquistadores españoles en América, ese territorio exuberante y desconocido de la Amazonía que cautivó sus sentidos y trastornó su imaginación. La narración recorre el río Amazonas, se adentra en la selva y reinos de agua donde los conquistadores fueron también conquistados y nadie volvió a ser el mismo desde entonces

William Ospina. Presentación novela La serpiente sin ojos. En Notas de Juan Guillermo

William Ospina durante la presentación en Barcelona de su novela La serpiente sin ojos (Foto Casa América Catalunya)

La serpiente sin ojos es caudalosa, se interna en la selva, golpea con su cola espumosa las riberas donde pasan como fantasmas las sombras de los conquistadores españoles que se aventuran con sus embarcaciones en busca de nuevos territorios, de tesoros escondidos como El Dorado que tantas veces habían escuchado en historias e imaginado en sus cabezas.   

Uno de estos conquistadores, Pedro de Ursúa, en compañía de sus soldados, de los esclavos indios y de algunos negros emprendió este recorrido que lo llevó al límite de sus fuerzas a lo largo de ríos inmensos  donde acampaban a sus orillas en medio del rumor agitado de la selva.

Su sueño acabó una madrugada, como lo cuenta William Ospina en esta novela, cuando sus hombres entraron en su tienda de campaña y le clavaron sus espadas frente a los ojos aterrorizados de su amante, la bella mestiza Inés de Atienza.

“La muerte de Ursúa en la selva de alguna manera parece reproducir, de un modo como borgiano, la muerte de César en el capitolio, el jefe que termina siendo atravesado por las espadas de todos sus amigos y compañeros. Esos  retablos históricos marcaron mucho la fuerza de los acontecimientos y ese amor de Ursúa por Inés de Atienza, que fue lo que lo llevó a ese desenlace, es muy importante para la historia, de manera que cada episodio fue marcando el ritmo del lenguaje e imponiendo también unos recursos literarios”.

Portada novela La serpiente sin ojos, de William Ospina. En Notas de Juan Guillermo

Portada de La serpiente sin ojos, la novela del escritor colombiano William Ospina

Éste es el tercer libro de su trilogía sobre la conquista española en el Nuevo Mundo (Ursúa -2005-, El País de la Canela -2008- distinguida con el Premio Rómulo Gallegos en el 2009), aventuras de barbarie y dolor, de sometimiento, amor y pasión, de travesía por ríos interminables y caudalosos como el  Amazonas, la serpiente sin ojos para los indígenas, de encuentro y avasallamiento de una civilización desconocida por selvas y montañas.     

“Esta novela ahonda un poco en esa sensación inicial de que estos hombres que venían, digámoslo así entre comillas, de la civilización y que entraban a un mundo más primitivo, más salvaje, más que llevar la civilización perdieron su contacto con ella, perdieron sus vínculos, sus lazos y más bien entraron en otro tipo de orden o desorden mental. Entonces preguntarse qué tanto la conquista civilizó a América o qué tanto el contacto con América barbarizó a esta Europa conquistadora. Para mí es una pregunta importante, pero más allá de ello las pasiones humanas son las mismas siempre, las mismas en tiempos de César, fueron  las mismas en tiempos de la conquista de América, son las mismas hoy”, explica Ospina

Él se ha documentado al máximo de estos hechos históricos, viajó por los ríos y selvas de la conquista al encuentro de un pasado, de unas respuestas cuyas preguntas, dice, sólo se pueden hacer desde el presente.

 “Muchos de los hechos que narro aquí inspirados en acontecimientos del siglo XVI todavía se viven en la Colombia contemporánea, y no sólo en la Colombia contemporánea. Reconstruir el pasado en la literatura es una ilusión, una ilusión necesaria porque sólo podemos mirar el pasado desde las preguntas y la sensibilidad del presente. Creo que son las pasiones de hoy las que nos ayudan a pensar en esas pasiones de ayer, es la selva de nuestras barbaries y violencias de hoy,  preguntas que son imperiosas, la pregunta por la naturaleza de si vamos a acabar de destruirla o a convivir con ella, la pregunta por el encuentro entre culturas y civilizaciones distintas y qué tanto es posible ese diálogo entre culturas, son preguntas que están vivas y en esa medida estos libros, aunque su anécdota es una anécdota del siglo XVI, pienso que sus historias son contemporáneas”.

Las voces de los conquistadores están presentes pero también las de la tierra, la selva que revela sus propias voces que parecen transportadas por el viento y contar lo que pasa en el corazón de los indígenas, 33 capítulos, el mismo número con que William Ospina construyó sus dos novelas anteriores, de deslumbramiento por la Amazonía, por su vegetación, por sus mujeres y tesoros, un encuentro cruel de culturas que ha marcado desde entonces el sentido de nuestro historia.

“Somos uno con el todo, con las estrellas”

Para celebrar el día internacional de la madre Tierra, la abuela Margarita se presentó en la ‘18ª Fira per la Terra’ en Barcelona. Esta anciana indígena mexicana, heredera de la tradición maya, compartió su sabiduría, rezos y cantos por la Tierra, el Cosmos, la humanidad, en el parque de La Ciudadela. Con su sagrada pipa dirigió sus rezos e intenciones al universo, “que todos los sentimientos humanos se transformen en amor”, dijo en medio de un ritual conjunto de saludo a los 4 elementos de la naturaleza, al padre Sol y la Madre Tierra.

Abuela Margarita en la Feria por la Tierra en Barcelona. Foto de Juan Guillermo Gaviria Riaño

La abuela Margarita habla frente a un árbol que parece escucharla con atención así como los asistentes a la Feria por la Tierra en Barcelona (Foto de Juan Guillermo Gaviria Riaño)

La abuela Margarita estaba allí junto a un árbol frondoso que parecía escucharla en el parque de La Ciudadela de Barcelona, sede de la ‘18ª Fira per la Terra’. Esta adorable anciana mexicana habla con los árboles, las plantas, los animales, las piedras, los siente tan vivos como las personas, todos están poseídos de ese gran espíritu, explica, de esa energía que nos hace uno con la Tierra. 

“Una madre Tierra, una cultura – añade -. Y una cultura es recordar quiénes somos, una cultura es ver que el espíritu del árbol, su energía, es la misma que está dentro de mí, por consiguiente no somos diferentes, somos uno con el todo, aún con las estrellas”.

El árbol la protegía de los rayos del sol mientras compartía su sabiduría con quienes asistieron a esta feria de la Tierra. Con su bisabuela chichimeca aprendió desde niña a conocer algunos de los secretos de la naturaleza que ahora, de manera incansable, se encarga de difundir por todo el mundo.

La abuela Margarita en el ritual de comunicación con la naturaleza en la 18ª Feria por la Tierra en Barcelona (Foto de Juan Guillermo Gaviria Riaño)

La abuela Margarita sopla una especie de caracol marino en dirección a los 4 puntos cardinales en la 18ª Fira per la Terra en Barcelona. (Foto de Juan Guillermo Gaviria Riaño)

Con un vestido blanco, tanto como su cabello coronado por una trenza minuciosa de color más oscuro, alternaba sus palabras con cantos rituales, con canciones simples pero sencillas nacidas del fondo del alma: “Soy el poder dentro de mí, soy el amor del sol y la Tierra, soy gran espíritu y soy eterna, mi vida está llena de amor y de alegría…” 

La abuela Margarita fuma la pipa sagrada en la 18ª Feria de la Tierra en Barcelona (Foto de Juan Guillermo Gaviria Riaño)

La abuela Margarita fuma la pipa sagrada y con cada bocanada de humo transmite pensamientos de amor y sabiduría dirigidos al Cosmos (Foto de Juan Guillermo Gaviria Riaño)

Luego sopla una especie de caracol marino, en dirección a los cuatro puntos cardinales, que reproduce un sonido agudo, armónico, enciende su sagrada pipa, funde el tabaco con sus rezos e intenciones dirigidas al cosmos “que todos los sentimientos humanos se transformen en amor”, lo dice como un mantra que repite tres veces y saluda al gran espíritu, a los 4 elementos, los abuelos aire y fuego, la madre agua y Tierra, el padre sol, sus palabras se funden con cada bocanada de humo,  pensamientos llenos de amor y sabiduría que ascienden al cosmos, se difunden en todas las direcciones y justifican la existencia del día internacional de la madre Tierra y de esta ‘Fira per la Terra’ en Barcelona.    

 

Un encuentro con Carlos Fuentes

Carlos Fuentes decía que un escritor es como un descubridor que se aventura en alta mar sin saber lo que se encontrará en su travesía. Él se atrevió muchas veces y se lanzó al vacío de la escritura aunque algunos comentaran de manera discreta que era muy inteligente para ser escritor.
 
Su método de escritura era sencillo, él mismo lo describió: “Yo apunto en la noche lo que voy a decir el día siguiente, lo que creo que voy a escribir. Me levanto, empiezo a escribir y me sale algo completamente distinto. ¿De dónde viene esto?, del subconsciente, del sueño, no sé. Está mucho de lo que había pensado, ¡claro!, pero hay tantas novedades que me alucinan, las sorpresas que se lleva el creador son las mejores. Jamás se me había ocurrido que iba a tener este personaje y que dijera esto, lo pongo al día siguiente, no lo había preparado, no lo había pensado, lo soñé, lo intuí, lo recordé sin recordar. Hay un gran misterio en la creación”.
 
En el auditorio de la Casa América Cataluña en Barcelona asistimos ese día, 2 de septiembre del 2011, algunos periodistas interesados en conocer dos de sus nuevas obras: La Gran Novela Latinoamericana y Carolina Grau.
Escritor mexicano Carlos Fuentes en Notas de Juan Guillermo
Foto Casa América Cataluña
Con su inconfundible acento mexicano compartió con una lucidez envidiable el detalle de estas obras y de su quehacer literario de muchos años, sus miradas de escritor para captar instantes que se convirtieron en la base de algunos de sus relatos como el de Aura, publicado en 1962:  Aura tiene una historia muy particular. Yo estaba en Paris con una amiga mía que salió de la recámara y fue a la sala y al regresar pasó bajo la luz que dividía las dos partes. Y en ese momento, bajo esa luz, esa muchacha de 20 años se transformó en una anciana y me vino la idea de Aura, la escribí sentado en un café durante 5 días. Y como siempre uno cree que es original pero no hay nada original, todo viene de otra parte. Todos los temas de la Literatura son viejos, lo único que cambia es el tratamiento que se le da en un momento dado a un tema antiguo”.
Él siempre tenía un proyecto literario en mente, un mar por descubrir, una historia que contar: “Yo creo que nos pasa a todos, nos estamos haciendo todos los días en nuestro trabajo,  no somos sino nuestro futuro, ¿verdad?
Carlos Fuentes se ha ido, no creo que esté muy lejos, ahora tal vez conocerá mejor y más de cerca ese universo infinito que se rebelaba en sus sueños y que seguiremos compartiendo mientras su espíritu permanezca vivo en sus libros.

El oficio de un escritor

La desaparición de un estudiante francés, Romain Lannuzel, en el 2007 es la idea de la que partió la escritora Carme Riera para su novela Natura quasi morta. Han pasado casi 5 años desde que este chico, matriculado con una beca Erasmus en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), no dejó ningún rastro como tampoco lo deja su personaje en la novela.

La realidad se transforma en una novela negra y el campus universitario es el escenario misterioso en el que se mueven las víctimas, en que la muerte sorprende como un ladrón en la noche.
Foto de Juan Guillermo Gaviria Riaño
Carme Riera, catedrática de Literatura en la UAB, conoce muy bien el campus universitario, ha crecido y se ha transformado con él. Sin embargo, como si fuera la primera vez que pisaba el lugar, recorrió con detalle los diferentes sitios imaginados para su novela, intercambió opiniones con los encargados de la seguridad, habló con los estudiantes, con los profesores, visitó la inspección de policía de Cerdañola donde sucede gran parte de la historia novelada.
La novela no se construyó con un golpe de inspiración sino que requirió de mucho trabajo. La imaginación y la creatividad hicieron su trabajo luego que la realidad golpeó a la puerta de la escritora y le mostró el camino a seguir. Dos años de lectura de otras novelas negras para conocer sus difíciles mecanismos, más de tres años de escribir y corregir, una y otra vez, incluso de la versión publicada en catalán a la publicada en español hace poco tiempo.   

Ese el oficio y el trabajo de un escritor, la novela no llega como caída del cielo sino que se construye con esfuerzo, con trabajo, algo que no está muy de moda pero que es la única manera posible de conseguir algo de valor literario donde la vida se manifieste con toda su fuerza y dimensión.  

Escriba…escriba

“Escriba…escriba”, me dijo Isaías Peña Gutiérrez cuando nos vimos hace unos meses en Bogotá en la cafetería de la Universidad Central.
El milo caliente calmó mi nostalgia y alimentó mi conversación con el maestro como si se tratará de una de las tantas charlas que tuvimos en aquel Taller de Escritores del que participé en el año 2000.  
En aquel entonces recibí sus enseñanzas y las de su valioso escudero, Oscar Godoy, un verdadero alumno aventajado, con la ilusión de sumergirme en el mundo literario, en una ficción sin límites alimentada cada día de manera contradictoria por la realidad. Muchas veces crucé esa puerta que me puso en contacto con hadas y príncipes, con reyes y princesas, con monstruos de carne y hueso o con héroes forjados en el afán de cada día.  
Cuentos Taller de Escritores. 2002

En las páginas de distintos escritores que leímos pasaron muchos personajes,  compartimos sus historias, la carpintería de su obra, yo y mis compañeros intentamos también lo nuestro, escribir y crear personajes, cuentos y narraciones con el deseo oculto o manifiesto de convertirnos en verdaderos escritores.

Algunos han persistido con más voluntad y disciplina que otros en este empeño y el tiempo será el mejor juez de todos. Como lo es para Isaías que durante 30 años ha conducido el Taller de Escritores de la Universidad Central, un hombre incansable que contagia su amor por la literatura y la creación literaria y al que ahora, creo que no es tarde, le doy mi más sincero agradecimiento y felicitaciones en un nuevo y afortunado aniversario de su labor. 

La constancia periodística

Hace unos días asistí a la presentación del documental de la televisión de Cataluña(TV3): Tomás Alcoverro, entre el Oriente y el Occidente.  Este hombre de apariencia afable y sonrisa sencilla es, en realidad, un periodista barcelonés entregado a su profesión que, en calidad de corresponsal del periódico La Vanguardia de Barcelona, ha informado durante cerca de 40 años  lo que pasa en el convulsionado mundo del Oriente Medio.
Cortesía TV3
Desde su cuartel general de Beirut, es decir, desde su casa que se adivina amplia y aireada, situada en el sector musulmán de la ciudad, con una gigantesca biblioteca que guarda sus miles de colaboraciones periodísticas, ha escrito algunas de sus crónicas, reportajes y noticias de una realidad difícil y colorida que no le es ajena. 
En una ocasión cayó una bomba en el edificio donde escribía una de sus crónicas, su auto resultó afectado pero él siempre ha seguido adelante. Las masacres, revueltas y conflictos a lo largo del Líbano, Egipto, Siria, Israel o la zona Palestina, entre otros lugares, han puesto a prueba y reforzado su vocación de periodista.
Él sigue allí, desde su trinchera periodística, fiel a su compromiso y con la constancia intacta del que empieza de nuevo cada día, ese es su mejor ejemplo.